Veleros Siderales
Allá por julio de 2009 publicamos una entrada sobre el viento solar en la que reducíamos la navegación espacial a vela a un mero recurso poético propio de la ciencia ficción. La cosa tenía su encanto al buscar ese paralelismo inevitable entre nuestra exploración espacial y la increíble aventura que supuso para el hombre descubrir la tierra a golpe de vela y timón.
La verdad es que seguimos pensando igual. Somos unos románticos empedernidos y nos encanta la magia de las velas, abandonadas al viento, arrastrando nuestros veleros por esos mares de Dios. Sin embargo, como apuntábamos en nuestra entrada anterior, la escasa densidad de ese viento espacial continua siendo incapaz de despeinarnos y, mucho menos, de desplazarnos por el espacio… ¿No?
La duda nos asaltó hace unos días en el kiosco de prensa de la esquina cuando vimos el titular de una revista de astronomía en la que dedicaban unas páginas a los veleros solares. La Nasa y la Sociedad Planetaria investigaban el tema y comenzaban proyectos que incluían el lanzamiento de prototipos a la búsqueda de respuestas. El impulso romántico y la imaginación futurística se concretaban en proyectos reales. Los grandes promotores de la investigación espacial no se permitirían tirar el dinero en fantasías improbables.
El proyecto de la Nasa, que se llama NanoSail-D, ya está en órbita y su intención no es tanto probar las bondades de la navegación espacial como probar la posibilidad de desplegar la vela y analizar su rendimiento. Claro que nadie se asuste cuando hablamos de velas porque las que maneja nuestro prototipo tienen siete micras y media de espesor y ocupan una superficie de diez metros cuadrados.
El problema de NanoSail-D es que está situado en una órbita muy baja que, lógicamente, está muy influenciada por la atmósfera terrestre. De ahí que las pruebas de este proyecto se centren en el manejo de la vela más que en la navegación propiamente dicha.
Por otro lado, la Sociedad Planetaria, está en los inicios de un proyecto más ambicioso de tres fases que arrancará con el despegue de la nave hacia finales de año aproximadamente. Este proyecto ha sido bautizado con el nombre de LightSail-1 y su vela, fabricada con mylar, desplegará una superficie de treinta y dos metros cuadrados.
Estas velas no parecen demasiado grandes pero hay que tener en cuenta que el satélite que las lleva no pasa de ser mayor que una caja de zapatos. Para muestra bien vale un botón y los proyectos iniciales no pueden ser demasiado ambiciosos así que veamos las conclusiones que se sacan antes de plantear cuestiones de tamaño.
Lo que verdaderamente me asombra de los proyectos no es la capacidad técnica de los equipos científicos sino la base sobre la que operan. En nuestro artículo anterior decíamos que una densidad de partículas tan baja como la que forma nuestro viento solar no era capaz de mover nada pero ahora los principios que se barajan dicen lo contrario.
De hecho, los científicos reconocen que la partida de una nave de estas no sería tan rápida como con los motores convencionales pero que su velocidad inicial seria de un milímetro por segundo para irse incrementando hasta alcanzar los 310 Km/h en un día.
No podemos presumir de nuestros vastos conocimiento científicos así que, muchas veces, nos vemos obligados a aceptar sin más lo que la comunidad científica afirma pero sigue pareciendo imposible que unas pocas partículas por centímetro cubico puedan, al chocar contra la superficie reflectante de una vela, mover ninguna nave espacial. Claro que a mi abuela tampoco le parecía posible que alguien llegase a la luna y estaba claramente equivocada.
También habría que tener en cuenta que la posible aplicación de esta técnica sería muy limitada ya que la navegación espacial anda siempre estrellándose contra las enormes distancias del universo y la lentitud de nuestros medios así que no está la cosa como para perder el tiempo “navegando al son del viento”.
Quién sabe si no se está fraguando aquí una nueva modalidad olímpica y, en el futuro, nos encontremos con el campeón del mundo de navegación espacial, los surferos siderales o, sin ir más lejos, con esos seres extraños que en vez de dar la vuelta al mundo a vela se hagan un recorrido por el sistema solar y aledaños.












Es muy interesante entender la magnificiencia del pensamiento humano para desarrollar ideas, y de ese principio revolucionar el campo de la ciencia, pasando de lo imaginativo a lo aplicativo, no importa cuantos sean los retos, a sabiendas de que un error es la evolucion al desarrollo del entendimiento, llegando asi a poder conquistar lo indescriptible.
Hay un error básico en la apreciación del articulista. No se supone que se usen las partículas ionizadas que forman el viento solar, sino el rebote de los fotones de la luz solar. Eso, definitivamente no son unas pocas partículas. El efecto físico de los fotones al chocar contra un medio físico, ha sido demostrado desde antaño y tienen utilidad práctica en las células luminosas que controlan el cierre de las puertas de los ascensores, por ejemplo. Saludos!
Efectivamente. El tema da para mas desarrollos y no cabe duda de que es fascinante. Gracias por el comentario y la visita.