Transient Lunar Phenomena

       Estamos tan acostumbrados a los misterios espaciales que llenan los libros y las películas de ciencia ficción que es muy difícil evitar que salpiquen habitualmente la realidad cotidiana del universo. Mentes de imaginación fácil ven enseguida la mano del misterio detrás de cualquier cosa que no comprendan sin ver que hay cientos de explicaciones posibles detrás.

 

      Este es el caso de los fenómenos transitorios lunares, conocidos como TLP, que siempre han sorprendido a los observadores habituales de la luna dando lugar a numerosas explicaciones y que aún no tienen una respuesta clara por parte de la ciencia. Estos fenómenos se refieren a la aparición de puntos brillantes, zonas con súbitos cambios de luminosidad o puntos oscuros errantes sobre la superficie de la luna.

 

      Indagando sobre las primeras referencias a estos TLP nos podemos ir al siglo XII donde Gervasio de Canterbury describió, muy novelescamente, un paisaje de fuego, brasas y chispas sobre la luna. En el siglo XVII también se hace mención de fenómenos de este tipo y hasta William Herschel, a finales del siglo XVIII, documentó varios avistamientos similares. Lo cierto es que, a lo largo del tiempo, han sido muchos estos testimonios y, de hecho, actualmente son objeto de estudio por lo que, en ningún caso, dudaremos de su existencia.

 

      La tecnología actual nos permite verificar las observaciones con fiabilidad pero no se puede decir lo mismo de las realizadas bastante tiempo atrás. La mala calidad de los instrumentos de observación sumada a las condiciones atmosféricas en el momento de la observación pueden ser la explicación de estos puntos de luz o de los oscurecimientos y cambios de color. Por otro lado, no es impensable que una lluvia de meteoros sobre la tierra con la luna de fondo confundiera a alguno haciéndole situar los destellos sobre la superficie lunar en vez de hacerlo en la atmósfera terrestre. Sin embargo, el testimonio de Herschel destaca especialmente por tratarse de un observador experimentado que difícilmente se dejaría llevar por confusiones de este tipo.

 

      En 1968 la Nasa publico el “Technical Report R-277”, de acceso restringido inicialmente, en el que se recogían 570 fenómenos avistados desde el siglo XVI. Desde ese momento hasta ahora han sido muchos los estudios realizados amparados por el despliegue tecnológico de los últimos tiempos que incluyen ordenadores, telescopios, sondas, satélites y hasta la colaboración de los vuelos tripulados a la luna. De hecho, en este momento, existe un proyecto, iniciado en 2008, que persigue estudiar estos fenómenos en el momento justo en que se producen.

 

      Los TLP suelen ser muy breves (unos pocos segundos) y se suelen dar en zonas determinadas de la luna. Este último punto es bastante discutido porque hay quien considera que la frecuencia que se da en estos lugares es especialmente alta porque son zonas de observación frecuente por los astrónomos profesionales o aficionados. Lo cierto es que el cráter Aristarco se lleva, presumiblemente, el 30 por ciento de los casos, seguido por Pluto, Gassendi, Fracastorius, Theophilus, Grimaldi, Kepler y Hércules.

 

      Las explicaciones que se le han venido dando a estos fenómenos son muy diversas. Hay quien defiende el simple hecho de las ilusiones ópticas. Si, por ejemplo, en la puesta de sol lunar sucede que un pico es iluminado por el sol cuando los alrededores ya están en sombra, puede dar la sensación de ser una luz extraña en un lugar conocido. Además, sigue existiendo la posibilidad de que las turbulencias atmosféricas desvirtúen cualquier observación.

 

      Sin embargo, las explicaciones más razonables apuntan a la posibilidad de que los destellos o los oscurecimientos, debidos a las nubes de polvo, sean producidos por el bombardeo de meteoritos a que se ve sometida la superficie lunar. Estos objetos alcanzarían la superficie a gran velocidad transformando su energía cinética en calor (lo que provocaría el destello) y levantaría una gran nube de polvo que oscurecería o cambiaría el color de la zona impactada durante un breve tiempo.

 

      Por otro lado, la posibilidad más interesante se refiere al hecho de que la luna no es un planeta tan muerto como se supone y su actividad geológica es más importante de lo que se cree. Parece razonable que gases procedentes del subsuelo lunar exploten al salir a la superficie produciendo estos fenómenos. Concretamente las misiones Apolo detectaron emisiones de radón y su liberación podría producirse por la actividad geológica o por el efecto producido por las enormes diferencias de temperatura en la superficie del satélite.

 

      Al margen de todo, esta es una ocasión estupenda para dar la razón a los que defienden que la observación lunar nos muestra una imagen de la luna constantemente diferente y para animar a todos a asomarnos a ese mundo tan extraño como cercano que siempre nos tiene guardada alguna sorpresa.

About these ads

~ por perseidas en 10 enero 2010.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: